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Sabe
Dios lo que pensaba,
en aquella triste noche en el altar de la Iglesia.
Cuando vestida de novia, te entregabas a otro
hombre
con la bendición nupcial.
Me
dijeron que tus ojos se nublaron con el llanto
y que estabas temblorosa.
Que parecías una virgen con tu corona
de
azahares escapada del altar.
Esa
noche de tu boda, fue la noche
de mi muerte murieron mis esperanzas.
Y aunque hubiera deseado contemplarte
desde lejos, desde lejos y nada más.
Temeroso
a que pasara por mi mente acalorada
sabe Dios una venganza.
Corrí lejos de la iglesia a llorar mi
desventura
junto a la orilla del mar.
Me dijeron tantas cosas quizás por mortificarme
pero dentro de mi alma sentí una gran
humillación.
Te deseo que seas dichosa, y que en el día
de mañana
no vayas a arrepentirte por tu fatal decisión.
Te
deseo que seas dichosa, y que en el día
de mañana
no vayas a arrepentirte por tu fatal decisión.
Agradecemos
a la Srita. Miriam Cruz (Puerto Rico) su colaboración.
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