A una ola
María Grever
En una noche de luna,
nos encontramos tú y yo;
con el mar como testigo,
de nuestra inmensa pasión.

Y en el rumor de una ola,
depositamos los dos;
nuestros secretos de amores,
que en el mar se sepultó.

Ola,
que a la luz de la luna,
sin precaución ninguna,
bañaste sus pies;
ola, que su cuerpo tocaste,
y sus labios besaste,
vuelve otra vez,
ven a morir a esta playa;
antes de que me vaya para nunca volver.

Ola,
que su cuerpo
tocaste,
y sus labios besaste;
vuelve otra vez.

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Federico Santos, una voz con alma
5714-2876. México, D.F.
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